Y después de eso, ya no hay vuelta atrás.
Cuando te das cuenta, te das cuenta… y no hay vuelta atrás.
Una vez que lo vives, ya no hay forma de no verlo. Ya no puedes volver al esquema anterior. Ya no puedes pensar en alimentación y ejercicio sin tomar en cuenta el sueño, el manejo del estrés y la conexión social como pilares indispensables para tratar la enfermedad y, al mismo tiempo, para construir salud. Porque incluso dejas de pensar únicamente en la enfermedad; empiezas a preguntarte cómo crear bienestar, vitalidad y plenitud.
Mirar desde la óptica de la Medicina del Estilo de Vida implica deconstruir ciertos conceptos, y eso está bien. Implica ir contra corriente muchas veces, y eso también está bien. Implica dejar atrás hábitos, creencias o formas de ejercer que ya no encajan con esta nueva manera de entender la salud.
Y este cambio puede suceder de distintas formas. Puede ocurrir en el lugar menos esperado, rodeado de personas que no conocías y sin imaginar lo que estás a punto de vivir.
Ese fue mi caso.
Recién egresada de la carrera, llegué al primer congreso AMMEV de 2021 con más preguntas que respuestas. Hacía muchísimo frío en Monterrey y todavía usábamos cubrebocas. Tuve el privilegio de estar tras bambalinas en ese evento, sin saber que terminaría convirtiéndose en un parteaguas en mi vida profesional y personal.
Fueron apenas dos días, pero bastaron. Aprendí muchísimo, sí, pero también bailé, disfruté, conecté y compartí de una manera que no esperaba. Conocí a personas que hoy forman parte de mi vida y a quienes corro a abrazar cada vez que nos reencontramos en un congreso. Sentía que había encontrado una conversación de la que no quería salir. Y seis congresos después, sigo sin querer hacerlo.
Quien ha vivido un congreso de la AMMEV sabe que, en realidad, no es un congreso. Ese es solo el término formal que usamos. Lo que ocurre ahí se parece más a un viaje. Es entrar, por unos días, en el hábitat de la Medicina del Estilo de Vida. Te desprendes un momento del ruido cotidiano para conectar contigo, con otros y con aquello que te recordó por qué elegiste dedicarte a la salud. Y eso es algo difícil de describir, pero imposible de olvidar.
Hay algo que no tiene sustituto en el aprendizaje colectivo: reunirte con personas que están haciéndose preguntas parecidas a las tuyas, que buscan ampliar su mirada y acompañar mejor a quienes tienen enfrente. Porque ejercer desde la Medicina del Estilo de Vida también implica una responsabilidad. A veces significa cuestionar sistemas ya establecidos, desafiar inercias y abrir espacio para conversaciones que no siempre son cómodas. No es sencillo. Pero quienes asumen ese reto están sembrando las bases de una salud más humana. Más honesta, también.
Y es que la Medicina del Estilo de Vida nos hace comprender que la salud nunca cabe por completo en una consulta, una receta o una intervención. Siempre hay algo más humano latiendo debajo. Un nutriólogo deja de ver solamente proteínas, carbohidratos y grasas para preguntarse también por el sueño, el estrés, las relaciones y el entorno en el que vive una persona. Un médico descubre que existen dimensiones del sufrimiento que ningún fármaco alcanza por sí solo, y que escuchar, acompañar y comprender también son intervenciones clínicas. Un psicólogo entiende que detrás de cada terapia hay un cuerpo que duerme, se mueve, se alimenta, se conecta o se aísla. De pronto, las fronteras entre disciplinas comienzan a difuminarse y todos compartimos una misma pregunta: ¿Qué necesita realmente una persona para vivir mejor?
Quizá por eso uno vuelve año tras año. Porque la Medicina del Estilo de Vida no se construye en soledad. Se construye en comunidad, junto a otros que también están cuestionando lo establecido y descubriendo nuevas maneras de ejercer, aprender y vivir.
Este año, SOMA nos vuelve a convocar.
Nos invita a regresar al lugar donde todo comienza: el cuerpo. A recordar que sentir sigue siendo una forma de conocimiento. Que detrás de cada dato, cada investigación, cada avance tecnológico, sigue existiendo una experiencia profundamente humana que merece ser escuchada.
Quizá SOMA no llegue a darte todas las respuestas, pero tal vez te regale las preguntas correctas.
Y después de eso, ya no hay vuelta atrás.
Mariana
Comunidad AMMEV