El cuerpo femenino no fue diseñado para el sexo que la mayoría de las mujeres tiene después de los 35
Por: Dra. Sara Szal Gottfried
Puede que tengamos un problema de libido. Sin duda tenemos un problema de conocimiento, y un menú que nunca fue diseñado para la biología femenina. A la mayoría de las mujeres nunca se le ha ofrecido el diagnóstico correcto.
Nota de AMMEV — Este artículo es una traducción al español de «The Female Body Was Not Designed for the Sex Most Women Are Having After 35», publicado originalmente en inglés por la Dra. Sara Szal en su newsletter (saraszalmd.substack.com). Conservamos su voz y su tono clínico; las referencias bibliográficas se mantienen en su idioma original.
Tiene 39 años. Le han dicho que su libido es baja. Su ginecólogo le sugirió testosterona. Su terapeuta le recomendó reducir el estrés. Su pareja se lo toma como algo personal.
Nadie preguntó por los detalles de su vida sexual con su pareja actual: cuánto dura cada encuentro, a qué hora del día funciona mejor para ella frente a la hora en la que efectivamente tiene relaciones. Nadie preguntó qué tipo de estimulación había de por medio. Nadie mencionó que el principal órgano del placer sexual femenino no fue cartografiado por completo en revistas con revisión por pares sino hasta 1998.
Puede que no tenga un problema de libido. Más bien, durante casi toda su vida le han ofrecido el menú equivocado y el abordaje diagnóstico equivocado.
La brecha orgásmica no es un misterio
Las cifras no son sutiles. Los hombres heterosexuales reportan orgasmo durante el sexo en pareja el 95 por ciento de las veces. Las mujeres heterosexuales: 65 por ciento. Las mujeres lesbianas: 86 por ciento, una tasa comparable a la de los hombres heterosexuales.1 Una revisión de alcance de 2024, que examinó todo el cuerpo de la evidencia, concluyó que la brecha orgásmica se explica en gran medida por dinámicas sociales y no por mecanismos biológicos.2
Ese hallazgo merece considerarse con cuidado. La brecha entre mujeres heterosexuales y mujeres lesbianas es de 21 puntos porcentuales. Ambos grupos comparten la misma biología femenina. La variable no es la anatomía. La variable es lo que ocurre durante el encuentro y quién ha sido educado sobre la anatomía femenina.
La anatomía y la fisiología del orgasmo femenino han sido descritas en la literatura con revisión por pares como frecuentemente desatendidas.3 Correcto.
Una revisión de 2025 titulada «How Far We Have [Not] Come?» («¿Hasta dónde [no] hemos llegado?») documenta los vacíos persistentes que aún quedan en la comprensión científica.4
La neurofisiología del orgasmo femenino se ha caracterizado como escasamente comprendida, y todavía no existe ningún medicamento aprobado específicamente para tratar la disfunción orgásmica femenina.5
El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) ha reconocido que la disfunción sexual femenina es prevalente, está subatendida, y que es poco probable que las mujeres la mencionen a menos que el clínico pregunte —y que muchos profesionales carecen del conocimiento, la formación y el tiempo clínico para abordarla.6
Esto no es un problema de adherencia de la paciente; es un problema sistémico y un problema de currículo, y empieza por la anatomía.
Lo que la medicina no sabía, y desde cuándo
El clítoris no fue cartografiado correctamente en una publicación médica con revisión por pares sino hasta 1998, cuando Helen O’Connell, una uróloga australiana, publicó la primera disección anatómica completa con técnica moderna. Antes de ese año, los textos médicos de referencia fundamentales —los mismos que formaron a todo ginecólogo egresado antes del año 2000— representaban únicamente el glande externo. La estructura interna estaba ausente del mapa.
La cronología de este descuido es precisa.
En 1559, Realdo Colombo afirmó haber «descubierto» el clítoris —una estructura conocida durante siglos en tradiciones médicas no occidentales. La medicina occidental llegó tarde y proclamó la conquista.
En 1948, la Anatomía de Gray omitió por completo el clítoris interno.
En 1966, la investigación emblemática de Masters y Johnson sobre la respuesta sexual minimizó sistemáticamente el papel del clítoris en favor del orgasmo vaginal.
En 1998, O’Connell publicó la primera disección anatómica completa con revisión por pares. Lo que encontró no era una pequeña estructura externa. Era un órgano interno complejo y de múltiples partes.
En 2009, se publicaron por primera vez mediciones refinadas, basadas en resonancia magnética, de la estructura interna completa.
En 2017, investigadores franceses publicaron la ecografía 3D del clítoris durante la excitación —la primera imagen del principal órgano del placer femenino en su estado funcional, excitado. Hubo que esperar hasta 2017.
Un análisis bibliométrico interdisciplinario publicado en The Lancet encontró que los participantes hombres han sido estudiados con más frecuencia que las participantes mujeres, tanto en la investigación clínica como en la biomédica, y que el sexo seguía sin reportarse en casi el 70 % de los artículos publicados hasta 2016.7 El sesgo en la investigación no es incidental. Es estructural. La desigualdad de género y las normas de género restrictivas agravan estos efectos sobre la práctica clínica y sobre la salud de las mujeres que se encuentran con esa práctica.8
Incluso la flibanserina, un fármaco desarrollado específicamente para el deseo sexual femenino, se probó casi por completo en animales macho durante el desarrollo preclínico.7
Las mujeres educadas con el mapa anatómico previo a 1998 están hoy en la perimenopausia y no recibieron información precisa sobre su propio cuerpo. Tampoco la recibieron sus parejas, ni la mayoría de sus médicos.
Cinco hechos sobre el clítoris que la medicina convencional enterró
1. No es pequeño. Es enorme.
El glande externo —la única parte que la mayoría de las personas puede identificar— mide aproximadamente 1 centímetro. La estructura interna completa, que incluye el cuerpo interno, los dos crura (pilares) y los dos bulbos vestibulares, se extiende de 9 a 11 centímetros y rodea el canal vaginal por ambos lados. La mayor parte es invisible. Toda ella es funcional.3
2. Contiene más terminaciones nerviosas que cualquier otra estructura del cuerpo humano.
El clítoris contiene aproximadamente 10,000 terminaciones nerviosas sensoriales. El glande del pene contiene cerca de 4,000. La densidad nerviosa por centímetro cuadrado en el glande del clítoris es la más alta registrada en la anatomía humana.3 El cuerpo femenino no fue construido para la baja sensibilidad. Fue construido para una alta sensibilidad que ha sido sistemáticamente subestimulada.
3. En el desarrollo es el mismo órgano que el pene, pero no su equivalente.
El clítoris y el pene se desarrollan a partir de un tejido embrionario idéntico —el tubérculo genital— hasta aproximadamente la semana 9 del desarrollo fetal. No son estructuras análogas. Son la misma estructura, diferenciada por el entorno hormonal. El clítoris no es el equivalente femenino del pene. El pene es una variante del clítoris. Aquí el lenguaje importa porque la anatomía importa, y el lenguaje ha estado equivocado.
4. Se vuelve eréctil, y ese proceso toma tiempo.
Los bulbos vestibulares que flanquean el canal vaginal se ingurgitan de sangre durante la excitación, del mismo modo que se ingurgita el tejido del pene. La excitación sexual aumenta el flujo sanguíneo genital, produce lubricación vaginal que amortigua la acidez y eleva la tensión de oxígeno.9 La erección clitoridiana completa, que genera la presión interna y la sensibilidad necesarias para un orgasmo profundo, requiere excitación sostenida —típicamente de 15 a 30 minutos de estimulación directa e indirecta. El cuerpo femenino no es lento para excitarse. Está respondiendo a un proceso que la mayoría de los encuentros nunca completa.
5. El clítoris crece a lo largo de la vida y alcanza su mayor tamaño después de la menopausia.
El clítoris crece de forma medible desde la adolescencia hasta la adultez y sigue aumentando de tamaño hasta los años posmenopáusicos, como confirman los estudios de resonancia magnética. La narrativa clínica de que la menopausia disminuye la capacidad sexual es parcialmente cierta y casi por completo incompleta. El principal órgano del placer femenino no se atrofia con la edad. Madura.
Desde una perspectiva evolutiva, se entiende que el orgasmo femenino es homólogo al reflejo ancestral que inducía la ovulación en las especies de ovulación inducida —una función que quedó disponible para papeles fisiológicos secundarios con la evolución de la ovulación espontánea en los seres humanos.10 El orgasmo femenino no es un accidente de la anatomía. Es un sistema con orígenes biológicos profundos que la medicina construida para estudiarlo ha malinterpretado de forma consistente.
El problema del menú
El modelo dominante del sexo es lineal, rápido y culminante: excitación, penetración, orgasmo masculino. El orgasmo femenino es puntuación opcional.
Ese modelo le falla a la biología femenina en cada eje que la investigación documenta.
El clítoris es reconocido en la literatura clínica como el principal órgano del placer femenino, y las tasas de orgasmo aumentan drásticamente cuando los encuentros incluyen estimulación clitoridiana específica.3 La mayoría de las mujeres —64 %— reporta que tanto la estimulación clitoridiana como la vaginal contribuyen a su método habitual de llegar al orgasmo.11 Los orgasmos por estimulación clitoridiana se asocian con un mejor control del deseo sexual.11
El cuerpo femenino no fue diseñado para un estornudo culminante de 60 segundos. Fue diseñado para olas de placer durante al menos 30 minutos que saturan los tejidos de la pelvis femenina. A la mayoría de las mujeres nunca se le han dado las condiciones para experimentar aquello para lo que su biología fue construida.
La respuesta orgásmica femenina, cuando se activa por completo (es decir, tras suficiente tiempo de excitación y la ingurgitación clitoridiana total), involucra cambios autonómicos de todo el cuerpo, cascadas neuroendocrinas distintivas y contracciones del piso pélvico que pueden encadenarse en lugar de terminar. No es una capacidad rara reservada para mujeres excepcionales. Es la arquitectura estándar de la respuesta sexual femenina, cuando se crean las condiciones para ella.
La duración no es una preferencia. Es fisiología.
Lo que el orgasmo le hace al cuerpo femenino
El argumento clínico a favor del orgasmo femenino no es anecdótico. Los datos neuroendocrinos son específicos.
Los niveles de prolactina aumentan aproximadamente 300 % después del orgasmo y permanecen elevados durante más de 60 minutos.12 La magnitud del aumento de prolactina posorgásmico se correlaciona fuertemente con la calidad subjetiva del orgasmo (r = 0.85) y con la satisfacción sexual (r = 0.75).13 La neuroimagen por PET ha demostrado que el orgasmo femenino —de forma única, en comparación con la eyaculación masculina— activa la glándula hipófisis, impulsando una mayor liberación de oxitocina y prolactina.14 El ritmo secretor de prolactina muestra alteraciones de largo plazo que persisten hasta el día siguiente y que podrían beneficiar la decidualización y la implantación.15
La oxitocina liberada durante el orgasmo se correlaciona con respuestas cardiovasculares y musculares y cumple un papel funcional en el ciclo de respuesta sexual.16 La oxitocina también contribuye al bienestar, a la reducción del estrés y a efectos antiestrés mediante la activación de nervios somatosensoriales.17
Un amplio estudio de evaluación ecológica momentánea con 8,452 participantes encontró que la actividad sexual de la noche anterior se asociaba con mejor calidad de sueño, menor presión arterial, menos estrés, afecto más positivo y mejor afrontamiento a la mañana siguiente.18 La actividad sexual placentera, ya sea en pareja o en solitario, se vincula con la recuperación percibida del estrés laboral, mayor satisfacción en el trabajo y mayor satisfacción con la vida. Para las mujeres en relaciones comprometidas, el sexo placentero predice la recuperación del estrés laboral con más fuerza que en los hombres.19
La testosterona en las mujeres se correlaciona con las dimensiones de relajación, sosiego y paz de la experiencia orgásmica, y no solo con el deseo o la iniciativa.20
Esto no es un efecto secundario de la actividad sexual. Es un sistema biológico propio. Un sistema que ha sido infratratado, infraestudiado y entregado de forma sistemáticamente deficiente a las mujeres a quienes pertenece.
La calidad del orgasmo en las mujeres se correlaciona con la magnitud del aumento de prolactina en r = 0.85. Esa es una de las correlaciones más fuertes en toda la literatura sobre la respuesta sexual humana.
Lo que pasa después de los 40
El descenso de estrógenos reduce la lubricación vaginal y la elasticidad de los tejidos. A lo largo de la perimenopausia y la menopausia, la percepción táctil y la sensación vibratoria disminuyen, y la estimulación clitoridiana suele necesitar ser más directa, más intensa y de mayor duración para que la excitación lleve al clímax.
En conjunto, el proceso de excitación, que ya requiere más tiempo del que la mayoría de los encuentros ofrece, exige una metodología aún más intencional a medida que descienden los estrógenos. La testosterona baja puede contribuir a la pérdida de sensación y de excitación. Mis pacientes lo describen como si tuvieran una manta entre ellas y el estímulo, a diferencia de lo que vivían a los 20 y a los 30. La ingurgitación tarda más. La lubricación requiere una estimulación más sostenida.9 Los 15 a 30 minutos que la biología femenina requiere no se encogen con la perimenopausia. Se expanden.
El descenso de progesterona afecta la arquitectura del sueño y la recuperación del estrés. Un sistema nervioso fatigado no entra con facilidad en el estado parasimpático que la excitación plena requiere. Los datos sobre el sueño son directamente relevantes: las mujeres en perimenopausia que experimentan un sueño alterado también experimentan una recuperación alterada de la línea base autonómica que hace posible la excitación sostenida.
La capacidad orgásmica suele mantenerse con el envejecimiento, pero la intensidad del orgasmo puede disminuir debido a una menor tensión de la musculatura del piso pélvico y a contracciones uterinas reducidas durante el clímax.
Vale la pena considerar la oportunidad. Las mujeres en perimenopausia y posmenopausia que comprenden su anatomía y abogan por un tiempo de excitación adecuado reportan mayor satisfacción sexual que las mujeres más jóvenes —no menor. La investigación sobre la satisfacción sexual a lo largo de la vida muestra que la satisfacción alcanza su punto máximo en la quinta y la sexta décadas en las mujeres que tienen el conocimiento y las parejas.
Ese es el diseño biológico llegando a su plena expresión, sobre todo cuando por fin se crean las condiciones.
El trastorno orgásmico femenino afecta de forma significativa el bienestar emocional y relacional. El abordaje clínico requiere integrar terapia cognitivo-conductual, masturbación dirigida, entrenamiento de la musculatura del piso pélvico e intervenciones farmacológicas u hormonales cuando estén indicadas.4 El marco biopsicosocial no es opcional. La biología no puede separarse del entorno de información en el que la paciente ha vivido.
Lo que todo esto significa para ti
El diagnóstico de libido baja se seguirá aplicando a mujeres cuyas parejas no han sido educadas, cuyos encuentros son demasiado breves y cuyos cuerpos nunca recibieron una lección precisa de anatomía.
Eso no es una falla médica del cuerpo femenino. Es una falla de currículo construida sobre cincuenta años de educación sexual incompleta, derivada de un mapa anatómico incompleto que no se corrigió hasta 1998, y agravada por una empresa de investigación que ha estudiado la función sexual masculina como opción por defecto.
Hay mucho más que explorar. El ciclo de respuesta sexual femenino difiere del masculino, y esas diferencias explican buena parte del malentendido, la frustración y la desconexión. Está también lo que mejor funciona en mis pacientes mayores de 40, sobre todo a medida que el estradiol desciende, los nervios del clítoris pueden retroceder y los tejidos se vuelven menos receptivos. Y está el caso de mis pacientes que agendan el sexo a las 3 de la tarde, cuando su energía está en su mejor momento —una práctica que Gabby Reece y Laird Hamilton popularizaron hace poco, y quizá uno de mis consejos favoritos de todos los tiempos.
La brecha orgásmica no es un misterio y no es inevitable. Se cierra cuando se incluye la estimulación clitoridiana, cuando la duración es adecuada y cuando las parejas están educadas.1 Esas no son condiciones que requieran intervención farmacéutica. Requieren información.
No estoy convencida de que exista una epidemia de libido baja. Lo que hay es mujeres agotadas; el trabajo invisible y la brecha salarial hacen que el sexo a las 10 de la noche se sienta como otra tarea más. Hay escasez de parejas hábiles, un siglo de anatomía ausente y un menú que nunca fue diseñado para la biología femenina. Y, sin duda, hay una cultura que denigra el placer femenino y te obliga a nadar contra la corriente para conseguir lo que quieres y necesitas.
El cuerpo femenino está exquisitamente diseñado para el placer, pero no del tipo que se les ha ofrecido a la mayoría de las mujeres. El tipo que requiere tiempo suficiente, anatomía precisa y el conocimiento de que el principal órgano responsable de ese placer ha estado ausente de los libros de medicina durante casi toda la memoria viva.
Probablemente a ti no te enseñaron esto. Puede que a tu ginecólogo tampoco se lo hayan enseñado. A tu pareja, casi con certeza, no le enseñaron nada de esto.
Eso termina aquí.
La Dra. Sara Szal presentará en torno a este tema en el Congreso SOMA 2026, el Congreso Internacional de Medicina del Estilo de Vida de AMMEV.
Referencias
Las referencias bibliográficas se conservan en su idioma original.
1. Frederick DA, et al. “Differences in Orgasm Frequency Among Gay, Lesbian, Bisexual, and Heterosexual Men and Women in a U.S. National Sample.” Archives of Sexual Behavior. 2018.
2. McElroy EE, Perry SL. “The Gender Gap in Partnered Orgasm: A Scoping Review of Evidence With Graphical Comparisons.” Journal of Sex Research. 2024.
3. Arias-Castillo L, et al. “The Complexity of Female Orgasm and Ejaculation.” Archives of Gynecology and Obstetrics. 2023.
4. Dasrilsyah RA, et al. “Female Orgasmic Disorder: How Far We Have [Not] Come?.” International Urogynecology Journal. 2025.
5. Levin RJ. “The Pharmacology of the Human Female Orgasm — Its Biological and Physiological Backgrounds.” Pharmacology, Biochemistry, and Behavior. 2014.
6. American College of Obstetricians and Gynecologists. “Female Sexual Dysfunction: ACOG Practice Bulletin Summary, Number 213.” Obstetrics and Gynecology. 2019.
7. Sugimoto CR, et al. “Factors Affecting Sex-Related Reporting in Medical Research: A Cross-Disciplinary Bibliometric Analysis.” The Lancet. 2019.
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9. Levin RJ. “The Physiology of Sexual Arousal in the Human Female: A Recreational and Procreational Synthesis.” Archives of Sexual Behavior. 2002.
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12. Exton MS, et al. “Cardiovascular and Endocrine Alterations After Masturbation-Induced Orgasm in Women.” Psychosomatic Medicine. 1999.
13. Leeners B, et al. “The Quality of Sexual Experience in Women Correlates With Post-Orgasmic Prolactin Surges: Results From an Experimental Prototype Study.” The Journal of Sexual Medicine. 2013.
14. Huynh HK, et al. “Female Orgasm but Not Male Ejaculation Activates the Pituitary: A PET Neuroimaging Study.” NeuroImage. 2013.
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17. Uvnäs-Moberg K, et al. “Self-Soothing Behaviors with Particular Reference to Oxytocin Release Induced by Non-Noxious Sensory Stimulation.” Frontiers in Psychology. 2015.
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19. Goodman RE, et al. “Conceptualizing Sexual Pleasure at Home as a Work-Related Stress Recovery Activity.” Journal of Sex Research. 2024.
20. van Anders SM, Dunn EJ. “Are Gonadal Steroids Linked with Orgasm Perceptions and Sexual Assertiveness in Women and Men?.” Hormones and Behavior. 2009.
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La Dra. Sara Szal presentará en el 6º Congreso Internacional de Lifestyle Medicine — SOMA 2026.
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